EL MAESTRO

por Reducido a la escribitud

Que algo profundo, que verdad. Herencia, vínculo, tierra, decía; decía el maestro lo que no se explica y que no se explica; que sí la ciudad, los libros, las horas, pero. Decía yo y lo que yo no, o improbablemente.

Elvin Jones descerrajaba eso que decía, atronador, que no era tormenta pero parecía, ni furia pero parecía, algo que «música» no precisa. No decían los brazos acabados en baquetas acabados en parches acabados en tambores acabados en eso que decía, sino todo Jones, y lo escuchábamos completamente el maestro y yo. Atronaba en los altavoces y perturbaba en nosotros, sentados e inclinados hacia adelante, los ojos cerrados. Escuchábamos el rictus, los dientes, las fibras tensas de Jones, el sudor. «África ruge»: dos palabras me decía al final el maestro, y silencio. Yo entendía.

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