¿QUIÉN FABRICA LOS SUEÑOS?

por Reducido a la escribitud

Augusto Torres se ha mudado a la casa de un muerto en un pueblo muerto. Dentro de un mueble, en el desván, ha encontrado una caja pequeña y, allí, el ojo del fabricante de los sueños. Lo ha tomado entre dos dedos por un instante, ha conocido todos los sueños de todos los hombres; recuerda los sueños que has tenido, los que tendrás, los que no llegues a soñar. Desde entonces son un enjambre que hierve dentro de él. Ahora quiere no estar dormido, quisiera no estar despierto.

Copula con todas las mujeres y los hombres hermosos. Es ellos, también. Un cerdo le susurra al oído, bocado a bocado, cómo va a devorarlo; desea cerrar los ojos, ensordecer, pero sólo consigue yacer inmóvil y mudo. Sube al metro en una parada de autobús. Espera un autobús. Es, completamente azul, un retazo de cielo. Él y un insecto, en un cuarto desierto y blanco, durante la eternidad. Una multitud de niños lo miran a los ojos mientras los degüella, uno a uno. Y todos los sueños.

Identifica tu mayor temor, tus anhelos improbables, multiplícalos por el horror puro y un placer sutil que no haya sido experimentado: Augusto Torres conoce el resultado de esa ecuación.

En el desván de la casa de un muerto de un pueblo muerto, lo último que hará Augusto Torres será soñar un sueño breve: soñará que lo último que hará será soñar un sueño breve, en el desván de una casa en un pueblo muerto.

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