CON NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA

por Reducido a la escribitud

Analizado, se trata más de hábito que de necesidad; como el café o el cigarrillo después de cenar. Es persistente, compele como una comezón. Por eso salgo.

Calles penumbrosas, despobladas. Transeúntes solitarios. No llegan ni a sorprenderse; siento su peso ceder, de espaldas hacia mi pecho; acojo los cuerpos en mis brazos, los vacío. Para entonces, apenas si habrán alcanzado a percibir, por un instante, una presión, como aguijones, el milímetro del vértice de mis dientes, acaso mi aliento. Luego, ya ni están allí.

La saciedad dura nada; de inmediato, o casi, me sobreviene otra vez la sensación: es como el deseo del café o el cigarrillo después de cenar. Y así, toda la noche.

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