Reducido a la escribitud

¿Dónde están las sangrías?

Mes: agosto, 2014

PARTIDAS Y LLEGADAS

Ambos grupos permanecieron quietos, bien diferenciados, uno a cada lado del hueco en la tierra, hasta que la garganta blanca del hombre de negro concluyó su sermón:  «…pues polvo eres y al polvo volverás».

Un grupo, el de los circunspectos, sólidos, se dispersa arrastrando congojas hacia sus coches. Pronto se habrán ido. Rompe la inercia el otro, cerrándose: las siluetas se mueven leves pero con brío; en corro, sin orden, buscan al recién llegado. Hay palmadas, algún abrazo. «Bienvenido», dicen varios; «Venga, hombre, cambia esa cara», suelta otro, mientras inician la marcha. Caminan en línea recta entre hierbajos, internándose en el predio. Algunos bromean y ríen a costa del bautizado, que se deja guiar por la pandilla, cabizbajo, las manos en los bolsillos. Con aire ausente, intenta patear los pedruscos, un hábito viejo que la costumbre extinguirá. Atraviesan cruces y árboles, la distancia va escondiéndolos. Se desvanecen contra la tarde que cae.

Anuncios

DOBLE VIDA

Es un tugurio repulsivo. Huele a humo, al perfume de putas melindrosas, sudor ácido de todos esos hombres toscos y salidos, a humedad y a añejos vómitos de borracho. Gritos, golpes, murmullos dulzones, eructos, ecos de gentes que ya ni están allí. Es un lugar que odiaría.

Cada día salgo de la oficina, conduzco a casa, aparco, saludo al portero que me da el correo de camino al ascensor. Del ascensor al vestíbulo, tiro las llaves y los sobres sobre la mesita de paso al pasillo, paso a paso el pasillo, izquierda, atravieso mi dormitorio hasta el vestidor. Me observo en el espejo de pies a cabeza y me aflojo la corbata. Sin dejar de mirarme en él, tomo impulso y, de una zancada, como si saltara un charco, me zambullo en el espejo, zigzagueo entre mesas, putas y borrachos hasta la barra. Pido y bebo un whisky tras otro hasta perder el sentido… mi cama hiede a alcohol transpirado cuando despierto, arrastro la resaca que soy yo que peso como un muerto. Es repugnante y no puedo evitarlo, debo romper ese espejo. Mañana.