DOBLE VIDA

por Reducido a la escribitud

Es un tugurio repulsivo. Huele a humo, al perfume de putas melindrosas, sudor ácido de todos esos hombres toscos y salidos, a humedad y a añejos vómitos de borracho. Gritos, golpes, murmullos dulzones, eructos, ecos de gentes que ya ni están allí. Es un lugar que odiaría.

Cada día salgo de la oficina, conduzco a casa, aparco, saludo al portero que me da el correo de camino al ascensor. Del ascensor al vestíbulo, tiro las llaves y los sobres sobre la mesita de paso al pasillo, paso a paso el pasillo, izquierda, atravieso mi dormitorio hasta el vestidor. Me observo en el espejo de pies a cabeza y me aflojo la corbata. Sin dejar de mirarme en él, tomo impulso y, de una zancada, como si saltara un charco, me zambullo en el espejo, zigzagueo entre mesas, putas y borrachos hasta la barra. Pido y bebo un whisky tras otro hasta perder el sentido… mi cama hiede a alcohol transpirado cuando despierto, arrastro la resaca que soy yo que peso como un muerto. Es repugnante y no puedo evitarlo, debo romper ese espejo. Mañana.

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