DIOSES Y CEREMONIAS

por Reducido a la escribitud

Más temibles y severos que demonios. Los hay que blanden mazas, o incluso rayos. Los dioses que los hombres inventan son, generalmente, implacables. Si niegan el perdón lo hacen para siempre, porque se tutean con la eternidad como los hombres con monedas. Sus creadores les insuflan sus miedos e incógnitas, los hinchan de angustias hasta volverlos enormes, exigentes y de formas amenazadoras. Por eso, no extraña que quienes los nacieron se postren ante ellos, o se avengan a sus caprichos.

Yo, en cambio, le ofrezco una ceremonia en muchos casos improvisada pero siempre discreta, continua o, precisamente por ello, ninguna. Cada día cuando regreso del trabajo, por ejemplo, ya desde la escalera, percibo sonidos de revuelo, uno que podría haber comenzado mucho antes de que yo advierta en ellos saltos y jolgorio; al abrir la puerta me topo con él, peludo, mullido, que me espera, que no deja de chillar hasta que me avengo al abrazo; enseguida busco una galleta, se la arrojo, la atrapa en el aire. Luego, cada uno a lo de cada uno; él se tumba y duerme, o me observa mientras leo o cocino; el rito continúa creándose, fluyendo con la naturalidad de una corriente, y nosotros nos dejamos ir en él, en la placidez y en el silencio.

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