Reducido a la escribitud

¿Dónde están las sangrías?

Categoría: Ejercicio de taller

GINEBRA DE VISITANTE

Y sí, claro, tuve que tomarme un par, ¿qué iba a hacer? Se ponen ciegos, no paran.  Luego ríen, orinan, vomitan y hacen estupideces. Y esto no es, ni de lejos, lo peor. Están loquísimos, muy jodidos. Yo ya avisé, no vuelvo más a ese planeta, para la próxima misión que envíen a otro.

PICNIC

Francisco Aguirre, profesor de literatura y gran cuenta-cuentos, se ha puesto en pie, altísimo como es, ocupando el estrecho espacio del pasillo. Apenas ha comenzado a introducir el relato de lo que está por suceder, cuando una azafata le ha solicitado que se coloque unos tres pasos más atrás, de forma tal que los pasajeros de clase ejecutiva también puedan escucharlo. Sin interrumpir la narración ha mirado de reojo, a duras penas ha dejado paso a piloto y copiloto que han salido de la cabina y, tras pedirle permiso para pasar, se han acomodado expectantes en el espacio ocupado por las azafatas.

Sigue el profesor Aguirre contando el cuento de lo que están por vivir, lo siguen todos inevitablemente embelesados. Que el avión se detiene, explica, en el aire, explica, y el avión se detiene, y se detiene en el aire, y etcétera. La escena recuerda a aquella del flautista y los ratones: el profesor va relatando, los demás ejecutan; las azafatas abren la puerta, se despliegan los toboganes, uno a uno van deslizándose, el personal de a bordo deja caer los sándwiches y las bebidas hasta que Aguirre, y luego el capitán, se unen al picnic. Es una nube grande, lo suficiente como para albergar cómodamente a todo el pasaje, bien desperdigados, con sus raciones. Todos encantados, pasan el rato estupendo que él les narra.

Cumpliendo el tiempo y los acontecimientos descritos en el relato, necesita levantar la voz un poco más de lo que le gusta para contar cómo regresan trepando por los toboganes, ayudando a los que lo requieren, que luego se acomodan respetando escrupulosamente los asientos originalmente asignados, se cierran las puertas, fin, “ojalá les haya gustado”. Luego cada uno a lo suyo, uno al baño, otro a la revista, esos dos a cambiarle el pañal al crío, y buen servicio le hacen al resto del pasaje porque ese niño apesta.

El aterrizaje se produce en el horario previsto, con buen clima y óptima visibilidad en el aeropuerto de destino, y así se hará constar en el manifiesto.

Mientras ayuda a su petiso compañero de asiento a retirar una chaqueta del compartimento superior, Francisco Aguirre piensa que el cuento es francamente malo, pero que vale la pena vivirlo.

IGUAL

Un año, hoy. Catalina pinta un cielo verde en clase y María llega tarde al trabajo otra vez. Le costó, pero se le dan bien los contratos a Alberto; ha tenido que levantar un poco la silla. El autobús pasa a la misma hora, para y suben los conocidos de siempre otra mañana; la chica de los cascos escucha el nuevo número uno. Según los titulares el mundo se desmorona, pero no. Igual: así es el mundo sin mí.